Poliomavirus en psitácidas

 

La “enfermedad del pico y de las plumas de las psitácidas” (PBFD) y la “psitacosis” son probablemente las enfermedades infecciosas más conocidas por criadores y aficionados a los loros. Muchos habrán oído hablar también del Poliomavirus (APMV) de las aves que aunque menos conocido no es menos importante y peligroso, puesto que puede causar verdaderos problemas en centros de cría y nurserías.

 

Los Poliomavirus (PMV) provienen de la subfamilia Poliomavirinae, de la familia Papovaviridae. Existen distintas cepas de PMV que afectan a conejos, roedores, aves, primates y humanos, pero son específicas para cada grupo de animales (huésped-específicas, una cepa de roedores no infecta aves, conejos, humanos ni primates y viceversa). El grupo de PMV que afecta las aves se ha denominado Avipoliomavirus (APMV), está distribuido mundialmente y puede afectar Psitaciformes, Paseriformes, Galliformes y Falconiformes.

 

 

Cuadro clínico

 

Desde que un loro se infecta hasta que empieza a mostrar síntomas pueden pasar de 2 a 14 días (a veces incluso más) dependiendo de un conjunto de factores. Estos factores también influyen en la evolución de la enfermedad y el cuadro clínico que presentará el loro. Los más importantes son:

 

- La especie de ave infectada - Algunas especies parecen ser más susceptibles a presentar la enfermedad, como son los guacamayos (Ara spp., Anodorhynchus spp.), conuros (Aratinga spp.), loros eclécticos (Eclectus roratus), inseparables (Agapornis spp.), periquitos (Melopsittacus undulatus), caiques (Pionites spp.) y cotorras de Kramer (Psittacula krameri), aunque no ha sido demostrado científicamente. El cuadro clínico y la distribución de las lesiones en aquellos animales que desarrollan la enfermedad difiere entre periquitos (Melopsittacus undulatus) y otras especies de loros (no-periquitos).

 

- La edad en el momento de la infección - Según la bibliografía, el 99,9% de las infecciones en los animales adultos cursan de forma subclínica. En cambio, los neonatos y pichones son los que corren un mayor peligro al infectarse por APMV, ya que éste puede acabar causándoles la muerte.

 

- El estado del sistema inmunitario del ave en el momento de la infección – El sistema inmunitario del animal va directamente relacionado con la edad. Las infecciones en los pichones y neonatos cursan con formas hiperagudas o agudas, ya que tienen un sistema inmunitario más débil y esto facilita la diseminación del virus y el desarrollo de la enfermedad. También los animales viejos o inmunodeprimidos por otras causas (por ejemplo, infectados por PBFD) son más vulnerables a APMV.

 

- Existen otros factores que influyen en la infección y presentación de la enfermedad - Algunos de estos son la vía y la cantidad de virus a la que ha sido expuesto el animal, la cepa del virus, etc. Por ejemplo, en Europa se describe una cepa que cursa con una forma más crónica de la enfermedad comparado con la que se describe en EEUU y Canadá.

 

Un pájaro adulto infectado y previamente inmunizado (vacunado o que haya superado con éxito una infección anterior) habitualmente conseguirá eliminar la infección sin llegar a desarrollar la enfermedad ni liberar virus al ambiente. Por otro lado, los animales que no dispongan de anticuerpos contra APMV desarrollaran la enfermedad en alguna de las siguientes formas según la confluencia de los factores descritos anteriormente:

 

- Forma sobreaguda: Muertes súbitas sin síntomas previos de enfermedad. Se observa más frecuentemente en periquitos (Melopsittacus undulatus) a los 10 – 15 días de edad y otros loros (no-periquitos) jóvenes y neonatos.

 

- Forma aguda: Signos de enfermedad durante un breve espacio de tiempo (días). Los animales pueden llegar a morir a las 12 – 48 h. Mayoritariamente se da en pichones y animales jóvenes. El cuadro clínico varía según la especie afectada:

 

- Periquitos (Melopsittacus undulatus): Los pichones no aumentan de peso, están deshidratados, pálidos, muestran retraso en el vaciado del buche, el desarrollo del plumaje es anormal y pueden presentar distensión abdominal. En algunos casos se han descrito signos nerviosos, como temblores de la cabeza y del cuello. Prácticamente el 100% de los animales menores de 15 días de edad mueren, mientras que los mayores de 21 días tienen mortalidades entre el 30 y el 80%.

 

- Otros loros (no-periquitos): Los animales están deshidratados con depresión, anorexia, pérdida de peso, retraso en el vaciado del buche, regurgitaciones, diarreas, hemorragias subcutáneas (sobre todo en la región del buche y la cabeza) y palidez general, respiración dificultosa y poliuria (mayor cantidad de orina en las heces). El virus altera el sistema de coagulación, y cuando el ave recibe una inyección intramuscular o se le arranca alguna pluma en crecimiento sangra profusamente. Muchos mueren a las 12 – 48 h. posteriores al inicio de los síntomas. La mortalidad en loros de entre 14 y 150 días de edad es del 31 – 41%.

Los neonatos son muy susceptibles, tanto criados por los padres como criados a mano, aunque estos últimos presentan una mayor incidencia. Se describe este cuadro en conuros (Aratinga spp.) de menos de 6 semanas de edad, en guacamayos (Ara spp.) y loros eclécticos (Eclectus roratus) de menos de 14 semanas. Los supervivientes presentan problemas hepáticos y pueden eliminar uratos de color amarillento. Los loros eclécticos (Eclectus roratus) de entre 3 semanas y 4 años de edad parecen ser muy susceptibles y mueren con una sintomatología previa de estasis gastrointestinal, melena (heces negras debido a la presencia de sangre digerida), hematuria (glóbulos rojos en la orina) y dolor abdominal.

 

- Forma crónica: Signos de enfermedad que se alargan en el tiempo (de semanas a meses) y en algunos casos puede terminar con el fallecimiento del ave. Se observa en jóvenes y en adultos con sistemas inmunes débiles. Según la especie afectada se describe:

 

- Periquitos (Melopsittacus undulatus): Los animales que desarrollan la enfermedad a partir de los 15 días de edad y sobreviven, pueden presentar alteraciones simétricas del plumaje, como distrofias de las plumas primarias y de la cola. Estos animales no pueden volar ya que presentan un plumaje de mal aspecto y despeinado, por eso comúnmente han recibido el nombre de “corredores” o pájaros con “muda francesa”. Las lesiones en el plumaje pueden ser causadas también por PBFD, aunque se dice que los afectados por APMV van recuperando un aspecto normal en las sucesivas mudas, mientras que los infectados por PBFD van empeorando. Los que sobreviven a la infección de APMV pueden mostrar signos nerviosos.

 

- No-periquitos: Se observan animales que bajan de peso, presentan períodos intermitentes de anorexia y apatía, diarrea, poliuria, disminuye la formación de plumas y se dan infecciones bacterianas o fúngicas recurrentes. Algunos adultos pueden morir, presentando previamente estos signos descritos y dificultad respiratoria, problemas nerviosos (sobre todo en cacatúas) y heces marrón-rojizas. Algunos parecen recuperarse, y mueren unos meses más tarde por insuficiencia renal. Las lesiones en el plumaje descritas en periquitos son menos frecuentes en otras especies de loros. Algunos autores sospechan que una infección subyacente por PBFD puede provocar inmunospuresión, facilitando la infección y diseminación de APMV por el cuerpo del ave, hasta llegar a causarle la muerte.

 

- Forma subclínica: Animales infectados que no muestran síntomas de enfermedad, aunque eliminan el virus al ambiente temporalmente. El sistema inmune consigue actuar y oponer resistencia a la diseminación del virus por el cuerpo del ave, evitando la aparición de sintomatología. Esta forma se observa normalmente en periquitos de más de 1 mes de edad y en otros loros de más de 3,5 meses. Las cacatúas son susceptibles de infectarse a cualquier edad pero también son muy resistentes y raramente desarrollan la enfermedad. Sólo en algunos pichones de cacatúa de menos de 3 semanas de vida se han observado plumas anormales y signos de enfermedad que con el tiempo se van resolviendo.

 

- Forma persistente: Animales infectados que sin mostrar síntomas de enfermedad van diseminando el virus al ambiente de forma intermitente durante toda su vida. A estos animales se les conoce como “portadores”. Se piensa que la causa de esta infección persistente es que el APMV infectó al animal a una temprana edad, cuando el sistema inmunitario aún no estaba completo. Los portadores parecen ser los responsables de la persistencia y difusión de la enfermedad entre diferentes colecciones de loros. Ciertos factores estresantes (cambio del tiempo o de dieta, la época de reproducción, el transporte, etc.) pueden desencadenar la liberación de virus al ambiente por parte de estas aves. Se sospecha que el estado de “portador” se da en periquitos (Melopsittacus undulatus), algunas ninfas (Nymphicus hollandicus) e inseparables (Agapornis spp.).

 

En colecciones de aves infectadas por APMV es normal encontrar casos sobreagudos, agudos, crónicos y subclínicos. En una colonia de periquitos sin contactos previos con el virus, el primer brote epidémico por APMV puede causar la muerte de casi el 100% de los pichones y en un segundo brote la mortalidad baja gracias a la inmunidad creada por las aves. Aun así, la producción siempre seguirá siendo baja, si no se interviene.

 

Transmisión

 

La transmisión se produce por la inhalación o ingestión directa de heces, uratos, polvo de las plumas, secreciones digestivas o respiratorias de animales infectados que están diseminando el virus. Un animal infectado puede eliminar virus durante varios días y hasta semanas (raramente más tiempo), aunque esto depende de la especie y la edad a la que se infectó.

Las lesiones en el plumaje de especies de loros no-periquitos son poco frecuentes, por esta razón se piensa que la transmisión a través del polvo de plumas en estos es menos habitual. También se ha descrito la transmisión indirecta a través de invertebrados u objetos contaminados con el virus.

 

Se sospecha que los periquitos reproductores infectados transmiten el virus directamente a los huevos, quedando irremediablemente infectados los embriones y neonatos. Este tipo de transmisión no se ha confirmado en otras especies de loros. El efecto de APMV sobre los embriones es controvertido, algunos investigadores describen una reducción del 80 – 90 % de la eclosión, mientras otros opinan que no tiene ningún efecto en la mortalidad embrionaria.

Patología

 

En la necropsia de loros infectados por APMV se puede observar distrofias en el plumaje, el tracto gastrointestinal lleno de comida, una buena condición corporal, hidropericardio, cardiomegalia, hepatomegalia, hígado moteado, ascitis, esplenomegalia, riñones engrosados y pálidos, musculatura pálida y hemorragias (subcutáneas, cardíacas, intestinales, hepáticas y sobre otras superficies serosas).

 

Diagnóstico

 

En ocasiones, el diagnóstico de APMV en animales vivos puede resultar difícil, aunque las técnicas laboratoriales mejoran día a día para conseguir resultados más fiables y certeros. Existen distintas opciones para la detección de APMV en aves:

 

- Recuperación del virus mediante cultivos: este método es laborioso y requiere mucho tiempo. No es útil para una detección rápida.

 

- Histopatología: estudio de las lesiones de los tejidos mediante el microscopio. Puede resultar de gran ayuda en la determinación de la causa de la muerte de un animal. En casos de infecciones de APMV, se pueden observar partículas víricas intranucleares en hígado, bazo, folículos de las plumas, piel, esófago, cerebro, corazón, etc. Es importante diferenciar las partículas víricas de APMV de las de PBFD.

 

- Serología: la detección en sangre de anticuerpos contra APMV es otro método posible. La presencia de dichos anticuerpos en una muestra de sangre sólo nos indica que el animal ha estado en contacto con el virus. Para diagnosticar una infección activa reciente, se debe observar un incremento de 4 veces el título de anticuerpos en muestras sucesivas.

- PCR (Polimerasse Chain Reaction): es en la actualidad la herramienta más útil en cuanto al diagnóstico de APMV. Esta prueba detecta la presencia de ADN vírico en la muestra analizada. Las muestras que se pueden utilizar son: sangre, hisopos cloacales, heces, tejidos infectados de animales muertos (hígado, bazo y riñón), embriones muertos, huevos infértiles y muestras ambientales. La sangre en un animal vivo es la muestra de elección, puesto que detecta los animales infectados aunque no estén eliminando el virus en ese momento. Resulta ser además un buen método de monitorización de la enfermedad para saber cuando se ha eliminado la infección. La vacuna no interfiere en los resultados de la PCR.

 

Siempre se debe tener en cuenta que todas las pruebas no son fiables al 100% y que un resultado negativo no descarta la posible presencia del virus.

 

Tratamiento y control

 

En la actualidad podemos decir que no se ha descrito ningún tratamiento efectivo contra APMV. En la bibliografía se menciona el uso de inmunoestimulantes, interferones y fármacos antivíricos (como el aciclovir) pero ninguno de ellos ha confirmado ser efectivo en animales ratificados positivos científicamente. Aplicar tratamiento de soporte es la opción más indicada, para ayudar al sistema inmunitario del loro a luchar contra el virus.

 

Si nos encontramos frente a un brote de APMV, debemos tomar medidas para limitar su difusión, evitar la infección de otros animales y ayudar a la recuperación de los enfermos (Ver Tabla 1).

 

Tabla 1: Medidas de control en un brote de APMV

 

- Aislamiento en un ambiente restringido de los animales clínicamente afectados que están eliminando virus. No es necesario sacrificar a estos animales, sólo se recomienda aislarlos hasta que hayan superado completamente la infección y no supongan ningún riesgo para los otros pájaros.

- Terapia de soporte a los animales enfermos.

- No poner en contacto las aves enfermas con los pichones.

- Limitar las visitas a la estación de crianza.

- Extremar las medidas higiénicas.

- No usar el mismo material para loros infectados que para otros loros.

- En la medida de lo posible, la persona encargada de los animales enfermos debería ser distinta a la que se ocupe de los otros, y sino al menos debería cambiarse la ropa de trabajo entre unos y otros. Los animales infectados deberían arreglarse los últimos para no transportar virus fuera del área contaminada, con la ropa, el pelo o el calzado.

- No entrar nuevos animales en la colección y/o estación de crianza hasta que se haya resuelto el problema.

- Limpiar y desinfectar completamente el ambiente de la nursería o de la cuarentena una vez pasado el brote con los desinfectantes adecuados.

- Se pueden tomar muestras de la estación de crianza o de la cuarentena (con hisopos, filtros, etc.) para realizar PCR’s y ayudarnos a confirmar la eliminación del virus del ambiente.

- En una colonia de periquitos con un brote de APMV se recomienda parar el ciclo de cría y llevar a los adultos de más edad a un aviario limpio, para establecer una nueva colonia con estos individuos libre de diseminación de virus. Pasados unos meses, el aviario se puede limpiar y desinfectar debidamente, para volver a usarlo.

 

Los PMV son pequeños y encapsulados y esto les confiere una gran resistencia a condiciones ambientales severas, a ciertos desinfectantes y disolventes. Además, los PMV son también resistentes a la congelación y descongelación, y al calor. Su destrucción total es complicada porque pueden sobrevivir en el ambiente más de 6 meses e incluso años. Los materiales orgánicos (heces, uratos, comida,…) incrementan su resistencia, y por eso es tan importante limpiar bien las superficies antes de desinfectarlas. En la desinfección debe haber un tiempo mínimo de contacto de un minuto entre el producto y la superficie. Los fenoles sintéticos, el dióxido de cloro estabilizado y el etanol al 70% son efectivos para eliminar los PMV. El hipoclorito sódico (lejía) también resulta ser efectivo y además es el más económico, pero se debe vigilar con los humos irritantes que desprende. La clorhexidina no es efectiva para eliminar los PMV.

 

Prevención y vacunación

 

Para ahorrarnos problemas en el futuro conviene establecer unas buenas medidas preventivas y de cuarentena.

 

Las medidas profilácticas más importantes que debemos tomar para evitar la entrada de APMV en nuestra colección son las descritas en la Tabla 2.

 

Tabla 2: Medidas de prevención para evitar la entrada de APMV en una colección

 

- No mantener periquitos (Melopsittacus undulatus), inseparables (Agapornis spp.) o ninfas (Nymphicus hollandicus) en el mismo espacio aéreo que otras especies de loros ni neonatos no vacunados, porque pueden ser portadores de APMV. En caso de querer hacerlo se recomienda testarlos previamente.

- Limpieza y desinfección regular del ambiente de la estación de crianza de pichones.

- Usar distinto material para la alimentación de cada pichón y limpiar y desinfectar bien las jeringas y sondas después de cada uso. No volver a meter la jeringa en el contenedor de papilla una vez usada.

- Limitar al máximo el contacto de los adultos con los pollitos de la estación de crianza. Los pichones que han salido de la nursería y han sido expuestos a otros pájaros no deberían volver a entrar.

- No mezclar neonatos de distintas fuentes.

- Enviar sólo pájaros destetados, usando contenedores bioseguros. No enviar o aceptar un pájaro sin vacunar siempre que exista riesgo de infección por APMV.

- Mantener la colección de aves cerrada, y en caso de querer entrar más animales establecer buenas medidas de cuarentena. Se recomienda un período mínimo de cuarentena de 60 – 90 días, testar para APMV y PBFD a los animales recién llegados y vacunarlos si existe riesgo de infección.

- Comprar sólo aves sanas y testadas (con resultados negativos de enfermedades). Estas aves deben ser sometidas igualmente a las medidas profilácticas de cuarentena y revisiones veterinarias.

- No volver a entrar pájaros que han salido de la colección. En caso de hacerlo ponerlos antes en cuarentena y testarlos.

- Limitar los visitantes a la colección y aplicar medidas de bioseguridad para evitar la entrada de agentes patógenos.

- Vigilar con los Passeriformes, Galliformes o Falconiformes infectados ya que podrían transmitir la enfermedad aunque tengan cepas distintas.

 

La vacunación intramuscular o subcutánea mediante el uso de una vacuna inactivada es efectiva, y protege a las aves de la enfermedad. No produce cambios de comportamiento ni de apetito, sólo una pequeña reacción local en el sitio de la vacunación que indica la respuesta del sistema inmune del ave. Esta reacción local se resuelve sola a las 3 – 6 semanas. Las aves infectadas habitualmente desarrollan anticuerpos, por esto su vacunación no es necesaria.

 

Los pichones se pueden vacunar a partir de las 5 semanas de edad y se deben revacunar a las 2 – 3 semanas, aunque la vacuna no empieza a protegerles hasta 4 semanas después de la primera vacunación. Resumiendo, la vacuna no empieza a ser efectiva hasta que el animal tiene unas 9 semanas de edad, con lo cual no protege al pichón a una edad temprana que es precisamente cuando más nos interesa. Así pues, la vacunación de animales jóvenes sólo nos servirá para loros eclécticos (Eclectus roratus) o guacamayos (Ara spp., Anodorhynchus spp.) que se lleven a un sitio con riesgo de infección a partir de las 9 semanas de edad.

 

El APMV se extiende muy rápidamente una vez entra en la estación de crianza de pichones. Cuando se detecta el primer caso, el virus se encuentra muy extendido y la vacunación no tiene efecto porque la mayoría de los pichones ya han sido infectados. Una vez pasado el brote los supervivientes eliminan virus durante 8 – 14 semanas, por esto se recomienda testarlos pasado este período para confirmar que han eliminado la infección y poder venderlos con una garantía sanitaria. Una vez controlada la situación se deben estudiar los registros para buscar la fuente y la causa de la infección.

 

Existen diversas opiniones acerca de la vacunación de animales adultos. Mientras unos opinan que no es necesario vacunarlos porque se protegen solos, otros argumentan que es importante hacerlo para reducir la población susceptible disminuyendo así la transmisión y el riesgo de un brote en la colección. Donde si coinciden todos es en la importancia de la vacunación de individuos que salen de la colección para concursos o exposiciones y tienen que volver a entrar en el grupo. Estos animales deben vacunarse y revacunarse 4 semanas antes del evento.

 

Los APMV están extendidos mundialmente, y aunque no provoquen epidemias devastadoras en aves adultas, sí que pueden causar altas mortalidades en pichones si se encuentran en una colección en época de reproducción. Por esto se recomienda mantener nuestros aviarios libres de esta enfermedad aplicando todas las medidas profilácticas que estén a nuestro alcance. La decisión de vacunar la colección y/o los pichones la debe tomar el propietario junto con su veterinario según los riesgos existentes. En caso de encontrarse con un brote de APMV deberían trabajar conjuntamente con su veterinario y aplicar todas las medidas de control posibles para conseguir la erradicación del virus y evitar su difusión.

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Figuras

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Figura 1: Pichón de caique de pecho blanco (Pionites leucogaster). Las plumas negras de la cabeza caen en la primera muda y toda la cabeza toma la tonalidad anaranjada.

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Figura 2: Pareja adulta de cotorra de Kramer (Pisttacula krameri). En esta especie el dimorfismo sexual es evidente, por el collar del macho.

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Figura 3: Pichón de guacamayo severo (Ara severa) con hemorragias subcutáneas.

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Figura 4: Pichones de guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) y guacamayo de alas verdes (Ara chloroptera) susceptibles de presentar la forma aguda de la enfermedad.

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Figura 5: Pareja adulta de loros eclécticos (Eclectus roratus). Esta especie es altamente susceptible a las infecciones por APMV hasta la edad de 4 años.

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Figura 6: Pareja de inseparables de Fischer (Agapornis fischeri). Esta es una de las especies que pueden actuar como portadores asintomáticos.

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Figura 7: Necropsia de un pichón de loro con los riñones pálidos. El lóbulo medio del riñón izquierdo aparece hemorrágico.

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Figura 8: Hemorragia subcutánea y musculatura pectoral pálida en la necropsia de un pichón de amazona.

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Figura 9: Toma de muestra de sangre de la vena yugular derecha de un amazona de frente azul (Amazona aestiva).

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Roger Domingo Ollé

Dr. en medicina Veterinaria

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roger_birdvet@yahoo.es

 

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